Ya no quiero pensar, ya no quiero. Ya no quiero recordar. ¿Esta tortura cuando acabará? Que cruel es el destino, despiadada la distancia que nos aleja cada día más. Se que me queda mucho por hacer.
El silencio es tan cruel pero su respuesta es certera. ¿No debí decir adiós? ¿Fue acaso ese mi error? Pensar que te podía dejar sin más. Dejarte y ya.
Tengo tantas ganas de regresar y decirte de todo. Hablar más, escucharte hablar. Que nos compartamos todo y nunca más alejar.
Recuerdo latente de todo lugar. Ayuda, no quiero pensar. Recuerdo todo, recuerdo llegar, recuerdo estar. Cada esquina, cada lugar. Quiero yo allá estar.
Verte llegar, abrirte y pasar. Escuchar tus chistes y tu risa tan peculiar.
Ver tus ojos pequeños parpadear mientras te quejas al hablar, del calor, de la mañana del día a día. Esa es la vida.
Recuerdo los juegos que tú iniciabas, pero yo provocaba, que subían de tono entre dos cómplices del placer.
Auxilio una vez más, ya no quiero pensar.
Yo seguiré escribiendo así sin más. Tal vez deje de pensar, tal vez te logre olvidar.
“La vida sigue” me dijo, me repetía. Se que la vida sigue, la veo pasar ante mis ojos. No me digas lo que ya se.
“Se feliz” me dijo. No me digas lo que tengo que hacer. No me pidas ser feliz estando lejos de ti.
La gente cambia. El amor duele. Los amigos se van. Las cosas no siempre van bien. La vida sigue.
El tiempo pasa, todo está normal. La vida sigue. Siempre he odiado esta frase: “la vida sigue”. Es lo que le dicen a alguien que pierde a un ser querido, lo que le dicen a alguien que pierde un amor.
¿Como consuelo? Una aberración de motivación.
Siempre pido no por favor y siempre viene de nuevo a mi situación. Regresa a mi vida como constante agonía.
Yo y mi maldita costumbre de sentir que pierdo lo que ni siquiera es mío.
Elígeme o déjame ir.
No seas el chico que yo no pueda olvidar.